Es evidente el arbitraje tendencioso y polémico que la Liga de Campeones de Concacaf implementa contra equipos mexicanos, sobre todo cuando el América juega. Luego de lo vivido en el Estadio Azteca durante los octavos de final de vuelta ante el Olimpia, donde el equipo hondureño se excedió de fuerza y el silbante nunca mostró una tarjeta roja, ahora en el Providence Park sucedió algo similar con el árbtiro guatemalteco Mario Escobar con su protagonismo.

En los cuartos de final de ida, las expulsiones brillaron por su ausencia, le perdonaron varias al club local que merecían una segunda amonestación, misma que el central no se atrevió a mostrar. Además, el dudoso penalti marcado en tiempo de compensación redondeó un trabajo para el análisis del señor Escobar.

La labor del silbante se empezó a salir de control en el segundo tiempo, específicamente al 58′, cuando Darío Zuparic detuvo la carrera de Roger Martínez con un abrazo que merecía una tarjeta amarilla, sin embargo, Escobar se la reservó, generando el enojo de los americanistas ya que eso significaba la expulsión del zaguero del Portland, quien ya se encontraba amonestado.

Poco después más faltas que sí castigó con tarjeta amarilla, las cuales no eran más graves que lo hecho por Zuparic, como las mostradas a Pedro Aquino, Luis Fuentes y Jorge Sánchez.

Al 82′ llegó la segunda gran polémica cuando Claudio Bravo fue perdonado, pues merecía la segunda amarilla por otra infracción sobre Roger, quien reclamó airadamente y fue el colombiano quien terminó con el cartón preventivo.

Finalmente, cuando todo indicaba que el conjunto Americanista se llevaba la mínima ventaja, llegó la jugada dentro del área que cambió el resultado. Bruno Valdez recibió un ligero jalón de Felipe Mora, situación que fácilmente pudo haber sido juzgada como falta. Además, esa infracción provocó la caída del paraguayo, que el balón pegara sus manos y se decretara la pena máxima a favor del Portland, misma que Mora convirtió para el 1-1 final.

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