El Chelsea, que apenas en enero buscaba a la desesperada un técnico, encontró en Thomas Tuchel al personaje perfecto. El alemán había sido despedido del París Saint-Germain de manera cuestionable y en su figura no sólo había una extraordinaria capacidad estratégica, sino también una sed infinita de revancha. Seis meses después de tomar el cargo, Tuchel convirtió al Chelsea en campeón de Europa, tras vencer 1-0 al Manchester City con un gol solitario del alemán Kai Havertz. Los Blues sumaron su segunda Orejona, mientras que Tuchel vengó la derrota del año pasado, con el equipo francés, cuando cayó en la misma instancia ante el Bayern Múnich.

Dispuesto a vivir su fiesta, el futbol inglés trasladó a Portugal algo de su misticismo. No era Wembley, pero en las gradas del Dragao se cantó como si lo fuera. El aficionado británico acostumbra a ver el futbol de pie, como si en la cultura de su juego no existiera un tiempo para el reposo. La música de fondo ambientó los compases de un partido que ya advertía el choque de estilos, esos que viven en la imaginación de sus técnicos.

El gol del equipo blue llegó para apagar el fuego que había generado la lesión de Thiago Silva, unos minutos antes, y encaminó la recta final del primer tiempo, esa en la que todo es más peligroso, con un contragolpe de libreto, que en apenas cuatro toques, logró dejar a Havertz solo ante un Ederson incapaz de cubrir la brecha incomprensible que habían dejado sus centrales, descubierta por el pase largo de Mount. El delantero del Chelsea se quitó al arquero con el impulso de su propia carrera y definió con el marco abierto.

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