Cuentos del fut de Edmundo Santamaría Gómez

Los futbolistas están llenos de cábalas ¿verdad? Si vieran al Jajá, al Riqui Martin, y al Chichicuilotito al llegar al campo, ellos dan un brinquito para cambiar de paso y entrar siempre con el mismo pie.

Copete de pubis, nuestro extremo panzón derecho, recoge tierra o pasto y se persigna con ello para jugar bendecido y con mayores posibilidades de triunfo. El Gonzo carga un amuleto para usar antes del partido, ¿no? Pero lo que sí puede ser un caso extraño, es que un equipo tenga lo contrario, y exista en el grupo un “mala sombra”, un elemento contrario a la buena suerte, un culpable de todo lo gacho, un salado, ¡el culero, pues!

            Un tiempo formé parte de ese equipo, de allá de un barrio de las orillas de la ciudad, ¿no? los encuentros se realizaban en campos rete gachos, llenos de piedras, basura y algunas veces hasta un perro muerto a medio terreno de juego, ¡chale! En ocasiones nuestra cancha estuvo trazada junto al canal de desagüe y jugábamos tragándonos las pestilencias que de él surgían. Los que conformamos esa escuadra, la verdad no desentonábamos con el entorno, había flacos, panzones, enanos, un tuerto,  grifos, borrachos, broncudos, mugrosos, y todos, todos, mal educados, vulgares y majaderos a más no poder, ¿no?

            Cuando nos alistábamos previo a cada encuentro, nos vestíamos sentados en la tierra, en piedras, en botes; y a quien bien le iba, sobre su maleta. El más entusiasta siempre era el Tuntún, ¡chingue a su madre el Tuntún!, pero a este wey, no sé ni para qué lo invitaron si nunca jugó, nadie lo saludó jamás, ¡y bueno, ni registro tenía! Les explico la razón de que yo le refresque a su progenitora.

            Cada error de cualquiera, era culpa del Tuntún aunque estuviera sentadote ahí fuera del campo, ¡Chingue a su madre el Tuntún!

            La neta no sabíamos bien por qué él era la mala vibra, el engendro apestoso… pero él era. Toda fregadera en contra de nosotros era su culpa, ¿no?

            ¿Ahora entienden por qué tanto mentarle la madre? Sí, ese ñero era un salado.

Así fue toda la temporada, él llegaba, nos daba el saludo, se vestía siempre sonriendo y haciendo bromas que todos ignorábamos. Iniciaba el partido y daba gritos de aliento, pero a la menor cosa en nuestra contra, no faltó nunca quién le dijera que fuera a molestar a su jefecita, que Dios tenga en su gloria, ¿no?

            Recuerdo cuando jugamos contra los putos de la Bondojo, ¿no? Sí la movían chido, la neta, pero nos la pellizcaron sabroso, les ganamos y se regresaron a casita a chillar porque perdieron contra papi, ¿no? Estábamos rete contentos y nos fuimos a echar chela, también el Tuntún… ts, ya hasta siento gacho, pero, ¡chingue a su madre el Tuntún!

            Luego de dos o tres frías, ese ñero alzó su chela y brindó por el equipo, pero le echamos unas miradotas asesinas, bien rompe madres, ¿no?
Se armó de huevos y dijo. –Pos ganamos dos a uno, ¿cuál es el pedo?

–¡A huevo que ganamos, pero dos a uno. Nos metieron un gol!, ¡Chinga tu madre, Tuntún!

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