a apertura de espacios para realizar ejercicio ya es una realidad en muchos sitios; sin embargo, las políticas sobre el uso permanente de cubrebocas en lugares de entrenamiento siguen siendo un tema valioso por aclarar.

Las indicaciones de su uso, no solo cumplen con los protocolos establecidos en los diferentes inmuebles o instituciones, son una imposición autoritaria injustificada.

Existen opiniones desinformadas y, en ocasiones, generalizadas respecto a que su uso complica la respiración o disminuye la capacidad para satisfacer demandas energéticas mientras se realiza un esfuerzo.

Su uso adecuado no complica la respiración ni provoca síntomas secundarios por realizar ejercicio a nivel amateur, deporte de iniciación, acondicionamiento físico, práctica recreativa y, sobre todo, cuando el ejercicio es realizado en espacios cerrados o abiertos, donde no se garantiza una separación de 3 a 5 metros. Si bien, la distancia segura entre personas se encuentra entre 1.5 a 2 metros, es importante recordar que durante el ejercicio la exhalación intensa provocada por la dinámica de respiración en condiciones de esfuerzo puede generar esparcimiento de gotículas de saliva en radios mayores.

Para el caso del deporte profesional y todos aquellos que alcancen intensidades máximas por periodos considerables (superiores a los 10 segundos), aún no existe evidencia científica suficiente para desaconsejar el uso del cubrebocas en estas condiciones por provocar algún síntoma o afección.

Hace algunos años se popularizo el uso de unos dispositivos, tipo mascarillas o cubrebocas, que impedían una buena inspiración y exhalación con la falsa justificación de simular entrenamientos de altura para mejorar capacidades de oxigenación sin su uso durante competencias.

Aunque hoy es fácil encontrar evidencia de su nulo efecto positivo sobre oxigenación y moderados efectos para desarrollo de musculatura accesoria de la respiración, es interesante reflexionar cómo un dispositivo similar a un cubrebocas pudo popularizar su uso sin ninguna base científica -incluso en entrenamientos de intensidad prolongada- y, en la actualidad, dentro del entorno deportivo es cuestionado el uso del cubrebocas con la evidencia científica suficiente como medida altamente eficiente para prevenir contagios de enfermedades respiratorias.

Pareciera que preferimos utilizar lo que sabemos que no funciona, pero es “moda” en lugar de utilizar lo que sabemos que nos protege, pero sentimos que nos estorba.

Es un hecho que seguirá siendo responsabilidad de todos fomentar su uso adecuado en todos los espacios comunes y darle relevancia a la información científica con fines de salud que se genera día a día.

Compartimos los siguientes recursos como complemento informativo para todos aquellos que estén interesados en profundizar un poco más en el tema.

Por: Luis Gerardo Vázquez Villarreal

Director Médico y Ciencias Aplicadas al Deporte LFA

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