México es uno de los países más corrompidos y el ámbito deportivo es clara muestra

Se sabe que en los países en los que se perciben altos niveles de corrupción, el ingreso per cápita es menor; la distribución del ingreso es más injusta; hay bajos niveles de inversión extranjera y nacional, así como bajos niveles de crecimiento económico, no obstante la corrupción sigue en el deporte en su máxima expresión, ejemplos sobran, pero el más reciente es la designación de Mikel Arriola como nuevo responsable de la Liga MX, una persona con nulo conocimiento del ámbito futbolístico, no es algún ex jugador, ex técnico o ex presidente de algún club, es un político, ex candidato a gobernar la Ciudad de México.

El Día Internacional contra la Corrupción destaca en su concepto que el grado de desarrollo de un país está relacionado negativamente con los niveles de percepción de la corrupción, por lo que podemos decir que ésta es una de las características del subdesarrollo.

La corrupción hace que se destinen recursos públicos a proyectos en los que hay más probabilidades de obtener un beneficio personal, mejor conocidos como «elefantes blancos», ejemplos hay muchos, estadios sin equipo profesional, velódromos que no sirven para competencias oficiales, mal construidos y por más recursos y remodelaciones que se les de, sólo sirven de adorno.

En múltiples ocasiones este tipo de obras son a costa de las prioridades del desarrollo del municipio, del estado o del país. Estos «paquidermos» no solamente alejan recursos de las necesidades reales de inversión, sino que con el afán de lucro, sus promotores suelen transgredir normas de seguridad y de protección al ambiente, causando pérdidas adicionales para la sociedad y para el ecosistema.

El relajamiento en las normas jurídicas promueve la corrupción, favorece el fraude, la evasión fiscal (dueños de equipos, multipropiedad) y hasta el crecimiento de economías informales con la colocación de vendedores ambulantes cada vez que hay un juego, con mercancía robada o pirata.

La corrupción también lastima a los sistemas de procuración e impartición de justicia y reduce en general la calidad de los servicios públicos. La corrupción no solamente genera más corrupción, sino que promueve la impunidad y limita la capacidad de los gobiernos para combatirla, creando un círculo vicioso que de no detenerse, puede crecer y volverse incontrolable.

La corrupción incluye nepotismo, colocar personas en puestos clave sin la preparación necesaria, sólo porque son parientes o amigos, el compadrazgo para designar atletas que nos representen, sin el mérito necesario, pero entran por «palancas», por influyentismo.

Y por último, los dirigentes que se cuelgan las medallas del deportista sin haberlo apoyado ni para el viaje, pero eso si, le cargan al erario vuelos de primera clase, viáticos y los gastos hasta de la amante. Ni siquiera van a la competencia, se la pasan de paseo.

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