El 14 de abril se celebra en todo el mundo el día del patinador. Este es un hecho curioso, ya que está relacionado con la religión y debe su historia a la vida de Lidwina, una niña holandesa del siglo XIV. Lidwina nació en 1380 en Schiedam (Holanda) en el seno de una familia pobre de ocho hermanos.

¿Por qué motivo se celebra en esta fecha?

A los 15 años de edad, en pleno invierno, muy crudo, Lidwina salió a patinar sobre el hielo de los canales congelados del pueblo con sus amigas, al caerse, el impacto hizo que se rompiera una costilla, eso le provocó una parálisis parcial que la mantuvo en cama durante 38 años, nadie en el pueblo supo cómo curar su lesión. Nunca se recuperó totalmente y cada vez se encontraba más enferma e incapacitada. Quedó completamente paralizada a excepción de su mano derecha y que algunas partes de su cuerpo «se desprendieron».

También se dice que la sangre brotaba espontáneamente de su boca, nariz y oídos, por lo que los habitantes de Schiedam creían que estaba bajo la influencia del diablo. Lidwina comenzó a desarrollar su devoción por la eucaristía y la mayor parte de su tiempo lo dedicaba a rezar, meditar y ofrecer su dolor a Dios. Se dice que Lidwina tenía visiones y se registraron milagros. En 1890, el Papa León XIII canonizó a la patinadora y la convirtió en santa. A partir de ese día se le conoce como la patrona de los patinadores y los enfermos crónicos.

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