Los registros oficiales indican que la inauguración del Estadio Azteca fue el 29 de mayo de 1966 con un partido entre el América y Torino,

El Azteca es  artesanía y jolgorio, la ‘alegria do povo’ del Brasil de Mario Zagallo: el colosal salto de Pelé, la cadencia de Tostao, la salva fulminante de Carlos Alberto después de una sinfonía, la más hermosa de todas. Es la magia de Reinoso y Borja con el América; el arte de Bustos, Guzmán, Quintano, Muciño con la ‘Máquina Azul’; el señor-gol de Hugo Sánchez a La Volpe; la suave atajada de Miguel Ángel Zelada en el único América-Chivas que llegó a final. El rugir, el estrépito, la apoteosis. El Azteca es el jarabe tapatío de Cuauhtémoc Blanco,

El milagro encarnado en la silueta contorsionada de Moisés Muñoz: un gol como un grito de muerte. El segundo que catapultó al América de Miguel Herrera y condenó al Cruz Azul a un embrujo doliente. Es el preámbulo de un conflicto bélico (la mal llamada ‘Guerra del Fútbol’) y el «templo sagrado» que inspira la mejor prosa de Caparrós y Villoro.

El Azteca es la auténtica catedral del fútbol internacional. Cinco de los acontecimientos más importantes en la historia del deporte ocurrieron en el césped de Santa Úrusla: el ‘Partido del Siglo’, ‘la Mano de Dios’, ‘el Gol del Siglo’, y las coronaciones de Pelé y Maradona como campeones del mundo. Altar pagano por donde brillaron las estelas de otros tantos astros además de ‘O Rei’ y ‘El Diego’. Vaya, dos Mundiales, dos finales, 55 años, más de 10,000 goles, cientos de miles de partidos y algunos aniversarios especialmente memorables. La lista de invitados distinguidos en el Coloso es inigualable. Acaso Wembley podría oponerse. Y ya. El Azteca es historia transmutada en estadio.

Por admin

Deja un comentario