A los 15 años de edad comenzó el contacto directo con el mar, la naturaleza y el uso de los elementos que componen el deporte de la vela. Hoy, Demita Vega se prepara para competir en sus terceros Juegos Olímpicos, en Tokio.

La primera vez que se subió a una tabla de windsurf fue prácticamente para caerse y volver a intentarlo, caerse y golpearse con la tabla, pero gracias a esa experiencia le surgió el amor al deporte.

Fue gracias a su tío, quien practicaba este deporte que empezó a velear por curiosidad y un verano que ella regreso a casa en Cozumel, porque se había ido a estudiar a Mérida la preparatoria, tuvo la oportunidad de subirse a una tabla.

“Me enamoré del deporte, solo bastó ese primer intento para saber qué era lo que quería hacer toda mi vida, independientemente de la competencia o no, es algo que yo quería experimentar. Saber que podía desplazarme en el mar usando el viento y poco a poco lo fui dominando y aprendiendo”, mencionó.

Ya con el paso del tiempo tuvo que desarrollar el equilibrio, la fuerza y todas aquellas habilidades que se necesitan para poder navegar, lo que años más tarde la llevó a empezar a soñar con lo que sería participar en unos Juegos Olímpicos.

“Parte de lo que es el juego de la estrategia de las competencias es el viento, un elemento invisible. Tenemos que aprender a jugar con él y usarlo a nuestro favor, el oleaje del mar”, indicó.

Si Demita tuviera la oportunidad de cambiar de deporte, no lo haría porque “tengo varios que son complementos de la vela como el ciclismo, el correr, remar, pero nada se compara cuando se hace un recorrido y cuando navegas puedes ver tortugas, delfines, es algo mágico”.

En algunas ocasiones puede ver a lo lejos ballenas o simplemente tener como compañero a un delfín que acompaña esa ruta de entrenamiento o de competencia.

Sentir esa brisa pegar en el rostro cuando el sol está a todo lo que da y te das cuenta que tu cuerpo empieza a cambiar de tono. Disfrutas cada minuto en el mar.

Ahora estará en sus terceros Juegos Olímpicos y será en Tokyo, después de hacerlo en Beijing 2008 y Río de Janeiro 2016.

“Llego con más confianza en mí y mis capacidades, llego con más apreciación de lo que son unos Juegos Olímpicos. En Río llegué con una lesión muy fuerte de espalda y tuve que competir con mucho dolor y una lesión que me llevó tres meses al terminar los Juegos para poder recuperarme”, agregó.

En los primeros Juegos no sabía que esperar, ya que todo la impresionó; cuando llegó a los segundos lo hizo con más madurez y ahora en Tokyo llegará con la capacidad de apreciar y disfrutar la justa olímpica.

“Lo que es vivir la experiencia sin tanta presión por uno mismo, ir con la mente más calmada y saber que tengo toda la capacidad para hacer un buen papel. Para mí este escenario será una bendición, estar en un nivel en buena forma, libre de lesión y sintiéndome mejor en el agua”.

Sin embargo, serán unos Juegos diferentes, aunque en la vela no se aprecie mucho porque es un deporte que se realiza en medio del mar, dijo. Donde lo podrían sentir es en la Villa o el comedor donde convivían los deportistas de las diferentes naciones participantes.

“El mayor miedo que tenemos los atletas son las pruebas de Covid-19, llegar y que por algún contagio tengas que salirte e irte a cuarentena sería el aspecto que nos tiene muy nerviosos”, mencionó.

Vega de Lille estará acompañada por su entrenador y esposo Adrien Gaillard y aunque tenía contemplado en un principio que su hija Alizé estuviera en Japón, ella se quedará en Cozumel con familiares.

Fotos: CONADE

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