De la serie de cuentos futboleros de Edmundo Santamaría Gómez, les presentamos esta interesante historia

Un vagabundo indigente y gris, pasó junto a mí. Sin verme, dijo: Hay un lugar en que eres mejor. Allá, tienes más carácter y te controlas. Esas palabras me calaron duro porque recién me habían expulsado del juego. Le reventé la trompa a un contrario, y ya también iba a ponerle unos madrazos al metiche indigente, pero los compas del equipo me detuvieron porque dijeron que el fulano parecía loco: entonces lo dejé ir.

            Hay un lugar en que soy mejor. Allá tengo más carácter y me controlo” ¡¿Allá dónde…?!, pendejo, mamón.

            Mi expulsión , la crecieron a tres juegos más, pero no falté a ni uno y estuve presente echando porras. Antes de que iniciaran los partidos, el vagabundo gris leía el periódico, luego lo botaba al piso, y Hugo, un compañero del equipo, lo levantaba y leía con verdadero interés: después miraba largamente al vagabundo, quizá por su extraño color gris borroso que lo hacía parecer foto antigua. El Gris, sentado en una piedra, cuando rodaba el balón, estaba muy atento a mí; tuve la impresión de que me conocía.

            Cuando se terminó mi castigo, pude jugar nuevamente y llegué a la cancha casi 5 minutos antes de iniciar el encuentro porque así acostumbro; me gusta hacerme el interesante y darme mi taco; que sufran creyendo que no asistiré. Los camaradas del equipo siempre se enojaban conmigo, pero no sé ni para qué la hacían de pedo, si de todas formas yo iniciaba, inicio e iniciaré, porque la mera verdad, sí la armo chido y siempre he sido indispensable para ganar.

Antes de que yo entrara a jugar, nuevamente pasó a mi lado el pinche Gris, iba rápido, iba hablando, y como siempre, sin verme… pero, pos ya no se me hizo que estuviera loco. Esa vez repitió que en otro lugar era mejor, pero allá, y señalaba para otro lado, allá si era sencillo y disciplinado; chale, esa vez como que sí le encontré relación conmigo a su choro. 
Que en otro lugar era mejor, pero allá, yo sí era sencillo y disciplinado; ta bueno.

Luego el indigente gris, se iba a un lado de la cancha y echaba al piso su diario: el mismo que Hugo alzaba, leía y metía a su mochila con mucho interés.

Pasaron dos o tres meses y fuimos acumulando puntos, ¿fuimos?, fui acumulando puntos. Y lo digo así, porque soy la pieza fuerte del equipo; sin mí no se gana; sin mí se caen; sin mí se pierden. No importa que a veces llegué medio borrachín o incluso algunas veces participe con hueva; de todas formas los goles del gane siempre son míos, ¡del mero chipotles!

Hobo with a Knapsack

El Gris nunca faltó, asistía para tres cosas: leer el periódico; ver el juego; y pasar a mi lado diciendo algo. Nunca de frente, pero puedo apostar que el blanco de sus palabras, era yo, estoy seguro.

En uno de esos juegos anoté un gol de nunca olvidar, uno para festejar efusivamente. ¡El equipo entero se me vino encima y me abrazaron gustosos! Incluso los contrarios reconocieron la calidad del gol y me felicitaron. Pero como siempre, en uno de los costados de la cancha estaba el Gris, brincaba contento y reía alzando los brazos al cielo: ¡Gracias Dios mío, gracias por darme este gol. Es el mismo gol que anotamos cuando México logró el campeonato del mundo; gracias, gracias…!, gracias Señor. ¡él es grande!

Me dio gusto ver que yo le causara tanta alegría. Pero al mismo tiempo, me daba tristeza su locura; entonces por primera vez me le acerqué, quise conocerlo; pero ni me dejó hablar y sólo lo hizo él:

Allá eres el orgullo de México y nunca hubo otro como tú… como él.

En toda Europa te quieren, pero eres del Barcelona. Tú del Roma, de la colonia Roma, de acá, de esta Roma.

Tú peleas, agredes; eres grosero y haces daño; eres incumplido, inconstante y vanidoso; tu conducta deja mucho qué desear; eres antipático y mucho muy débil de carácter:  además te hacen daño el abuso del sexo y las drogas.

Nomás eres bueno con la pelota; como él, como tú de allá, pero allá eres correcto.

¡Allá si vales, allá sí eres mucho mejor!, ¡allá eres el mejor!

Y el pinche Gris se fue, dejándome con mil palabras en la boca. Resultó que además de loco ¡también era culero!

Era fin de semana y eran días de cheves y pachanga. Me despedí del grupo y me fui a mi casa. Cuando llegué, ya Hugo, mi compañero del Roma, me esperaba en la entrada del edificio en que vivo. Tenía el rostro descompuesto, lívido, con ojos rojos, llorosos.

EL Gris… y lloraba el Hugo. El Gris. Me repetía.

¿Se murió?, ¿qué le pasó al loco ese?, pregunté.

No, no se murió… creo que no, ¡o ni sé! Me decía Hugo y le temblaba la barbilla mientras intentaba hablar.

Cuando te fuiste, también él se fue, y se me ocurrió seguirlo porque me interesa el periódico que siempre tira; yo los estoy juntando.

Salió de la cancha por la calle de Huatabampo y dobló a la izquierda en Orizaba… ¡pero ni me vas a creer! Y se soltaba chillando el Hugo.

Dale pues, si te voy a creer, dale porque tengo prisa, al rato me voy de desmadre. Apuré al cabrón.

Bueno, pues caminó por Orizaba, ¿no?, ¿y te acuerdas que antes del terremoto del 85 había un paso a desnivel? Sí que lo recordaba, se lo confirme con un movimiento de cabeza . Le chasqueé los dedos con ansias para acelerarlo y que me dejara ir. Entonces concluyó.

Pues el túnel ya sabes que hace años que no existe, ¿verdad?, y te juro por Dios que lo que vi no es mamada, no es mentira ni locura ni estoy pedo ni pacheco ni nada, pero al pinche Gris lo vi bajar poco a poco al desnivel. Antes volteó para verme, alzó su periódico para que yo lo notara y lo botó al piso: luego, ¡lo vi entrar, güey!, ¡Lo vi entrar!, ¡Por Dios, por Diosito!… después, ¡PUM!, ¡una pinche lucesota, un resplandor cabrón y ya, la calle igualita que siempre!

Tomé el periódico, siempre ha sido un diario deportivo. Desde el primero que tiró, me inicié a levantarlos y leerlos. Me sorprendí un chingo porque en el que levanté hace unas semanas, tenía reportajes y noticias de la gira de preparación del seleccionado mexicano de futbol por diferentes países. Luego el inicio del mundial en que México es un trabuco invencible y ha ido dejando fuera del camino a sus rivales. Pero carnalito, ¿eso cuándo carajos fue?

Bueno, te digo que tomé el periódico que me dejó antes de entrar al paso a desnivel, ¿no?… ¡ay chihuahua, no me vas a creer!, pero ahí te va: ¡México quedó CAMPEÓN en el mundial de Brasil de 1950! ¡CAMPEÓN, CHINGADA MADRE… CAMPEÓN!, ¡¿Te sorprende?!, Pues sorpréndete más, porque la estrella del equipo, el chingón que metió el gol del gane, ¡ERES TÚ!

¡Ese Gris no es de este mundo. Neta carnalito, neta. No miento!

Por admin

Deja un comentario