Escrito por Olivia Aguilar.

En esta aventura hacia la muerte que es la vida, un hombre de origen boliviano, Eloy Cruz Machicado, llegó a nuestro país, México; solo, en un lugar desconocido y pesar de ciertos temores, su actitud fue valiente, mirando siempre hacia adelante, aprovechando cada momento como una oportunidad de crecimiento y aprendizaje – aun, cuando este pareciera una dificultad–.

En este 2022 falleció Eloy en un ascenso, sus amigos lo recordarán siempre y este es su tributo:

Nunca se dio por vencido, siempre se mantuvo fuerte y en gran equilibrio, su voluntad y fe fueron sus más grandes aliados para poder lograr cada objetivo que se propusiera. Pareciera que entre más grande y más difícil fuera este, su objetivo, él se volvía más fuerte, más loco por la vida, disfrutando al máximo su libertad, sin importar lo que fuera a suceder, siempre encontrando una solución a todo aquello que llegara a presentarse con dificultad.

Su nombre, Eloy, fue siempre el presagio de su propio destino, EL-HOY, el vivir hoy, vivir en el presente, vivir el momento, vivir en el ahora, probablemente lo más característico de su personalidad; vivió su presente al máximo, nunca postergó nada, siempre buscó hacer lo que le apasionaba (a su modo), siempre se mantuvo amoroso y pendiente de su familia, fue un hombre con una gran calidad humana, respetado y admirado por todo aquel que llegara a conocerlo.

Si bien es cierto era un hombre mayor, su espíritu transmitía inmensa jovialidad, paz y muchas ganas de vivir, sin lugar a dudas nadie mejor que el para ejemplificar esos versos que señalan que: “la juventud en un estado de ánimo”; fue un hombre  tolerante,  leal con sus amigos, siempre solidario con aquellos que lo necesitaran, con la mejor disposición a escuchar y dar buenos consejos.

Su trayectoria académica, como docente e investigador en diferentes instituciones, obtuvo grandes reconocimientos; aún ya jubilado, era invitado a programas de radio, escuelas, entre ellas, universidades, para dar pláticas y compartir su experiencia profesional, motivando siempre a los jóvenes a superarse, a no abandonar sus estudios, a cultivarse a través de la lectura, a luchar siempre por hacer realidad sus sueños.

Uno de sus lemas era: “ARRIÉSGATE, SIEMPRE DA LO MEJOR DE TÍ”; para él, arriesgarse siempre fue fructífero, implicaba aprender, convivir con los más jóvenes, incluso con los niños, considerando a estos últimos, los mejores maestros de vida.

Eloy fue un hombre con gran calidad humana, sin perder de vista sus grandes ideales e inspirado en aquellos a quienes admiraba, como Ernesto Guevara de la Serna, mejor conocido como el Ché Guevara, Fidel Castro, y otros más que hicieron de su vida una historia de lucha y revolución, él siempre buscó dejar un mundo mejor.

Eloy fue un hombre culto, le gustaba compartir lo que aprendía, mucho más si era algo que le apasionaba, como el montañismo, o su gran hábito por la lectura. Una de sus obras literarias favoritas y que lo marcó para siempre, fue el Quijote de la Mancha, procurando llevar a cabo muchas de las enseñanzas que adquirió de esta obra, y probablemente más que otras, aquellas palabras atinentes a la libertad, que el Quijote expresó a Sancho:

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.

Parte 2, Capítulo 58. El Quijote de la Mancha.

Sin lugar a dudas, el ejercicio de esa libertad concedida a los hombres, fue para Eloy uno de sus mayores dones.

Motivo por el cual, en sus últimos años, el montañismo se volvió parte importante en su vida, la manera en que ejercía parte de la libertad que le fue concedida.

Desde aquella primera vez que lo invitaron a subir el Huayna Potosí, una de las montañas más altas de Bolivia, y sin tener conocimiento de todo lo que implicaba realizar un ascenso, a más de 6 mil metros, Eloy tomó el riesgo y decidió hacerlo; sin embargo, pocos metros faltaron para que lograra llegar a cumbre, no obstante, la Madre Tierra es tan sabia que dijo: “tendrás que regresar después, antes, necesitarás prepararte para poder lograrlo”.

Seguidamente, Eloy regresó a México con gran motivación, sabía que debía prepararse para poder culminar aquello que dejó pendiente. Bastaron unos meses para que se encontrara con un grupo de personas que, al igual que él, les apasionaba este bello deporte, el montañismo; en ese grupo, supo ganar amigos con los que tuvo oportunidad de convivir, conocer y aprender un poco más del deporte, generando un lazo fuerte de amistad con David, Pureza, Agustín y Oli, quienes más allá de ser sus amigos, tuvieron el honor de ser considerados sus hermanos, o como a algunos les decía, carnalitos.

Para ellos, nosotros, David, Pureza, Agustín y Oli, siempre fue un gusto y honor acompañar a Eloy en su camino, ver su progreso en cada salida a montaña, era sorprendente, se convirtió en un gran ejemplo a seguir, pues su disciplina, perseverancia y gran temple lo llevaron a lograr grandes retos.

Sus amigos se dieron cuenta que no importaba la edad que él tuviera, ya que veían en él un gran espíritu joven, fuerte, intrépido y aventurero. Ese era su gran motor, lo que lo impulsaba en su caminar para que lograra conocer lugares maravillosos, llenos de momentos de mucha alegría, cansancio y a la vez plenitud, siempre acompañado por su segunda familia. Sin importar las dificultades, se mantuvo con la frente en alto, con la mejor actitud y disposición para dar lo mejor de sí en cada momento, para él nunca existieron imposibles, por el contrario, siempre fueron retos que superaba.

Cada cumbre que lograba significaba un gran satisfacción para él, lo disfrutaba al máximo, siempre sonriente, dando muchos ánimos en su caminar y culminando con ese cálido  abrazo de cumbre. Eloy ascendió a muchas cumbres en las montañas más altas de nuestro país, si bien nunca se olvidó de sus raíces bolivianas, México fue su segundo hogar, para él, conocer nuestro país desde sus puntos más altos fueron de sus más gratos momentos.

De igual forma, además del montañismo, Eloy pudo practicar otros deportes, como andar en bicicleta, un poco de escalada, o correr en montaña, siempre maravillado por cada paisaje que conocía y llevándose la gran satisfacción de completar aquella distancia que se propusiera. 

Eloy fortaleció grandes lazos de hermandad con Agustín, un montañista que tenía el mismo sueño que él, ir a Bolivia y subir las montañas más altas de ahí. Ambos se prepararon mucho, compartieron hermosos momentos, experimentando grandes aventuras y aprendizajes. Tiempo después, Eloy regresó a Bolivia para concluir lo que había dejado pendiente y con gran éxito, junto con su gran amigo y compañero de cordada, lograron hacer cumbre en las montañas más altas de Bolivia: el pequeño Alpamayo (5430m.s.n.m), Sajama (6541m.s.n.m), Ilimani (6438m.s.n.m) y el Huayna Potosi (6088m.s.n.m).

Sus amigos de México estuvimos muy pendientes, apoyando a la distancia cada uno de sus ascensos, y a la vez, festejando sus grandes logros. Eloy, desde cada cumbre lograda mandaba saludos a su familia y amigos, compartía aquellos hermosos paisajes con sus más allegados y, al mismo tiempo, incitaba a que en el próximo viaje, le gustaría ver a estos –amigos– aventurarse a subir esas grandes montañas.

Ambos –Eloy y Agustín– adquirieron gran y valioso aprendizaje en esas bellas montañas, lo que permitió a su regreso a México, se convirtieran en alpinistas con mayor experiencia, compartiendo con amigos sus vivencias y conocimiento adquirido.

A Eloy, nuestro amigo, su gran calidad humana y altruismo lo llevaron a formar parte de la patrulla 2, en la brigada del Socorro Alpino de México; para él, era una forma de retribuir todo lo que la montaña le había dado, dispuesto a auxiliar a quien lo necesitara, y también aprender un poco más sobre montaña, con sus compañeros y amigos de patrulla.

Y así podría continuar describiendo lo que hizo Eloy en momentos de su vida; sin lugar a dudas un gran hombre, hijo, hermano, padre, esposo, abuelo, amigo, maestro, etc., compañero que, física o aparentemente se ha ido, y digo física y aparentemente porque ha dejado mucho que aprenderle, porque vivirá en nuestros recuerdos, en nuestros corazones.

Amigo Eloy, aparentemente has dejado este plano terrenal, duele saber que ya no estarás, el menos como te conocíamos: pero la huella que dejas jamás podrá borrarse, tu recuerdo permanecerá en cada caminar, en cada canción, en cada risa, en cada montaña, cada botella de vino acompañada de una buena charla, en cada corazón de los que tuvimos la suerte y fortuna de conocerte. Ahora te encuentras en la cumbre más alta, descansa en paz querido amigo Eloy, sigue brillando ahora desde lo más alto.

Y, los aquí presentes, familia y amigos, te decimos:

“ELOY, ESTAS PALABRAS NO SON UN ADIÓS, SINO UN HASTA PRONTO, NOS VOLVEREMOS A ENCONTRAR, ¡LA AVENTURA NOS AGUARDA!”

Cumbres Importantes:

SAJAMA 6548 MSNM

ILLIMANI 6450 MSNM

HUAYNA POTOSI 6088 MSNM

PEQUEÑO ALPAMAYO 5410 MSNM

PICO DE ORIZABA 5636 MSNM

IZTACCIHUATL  5230 MSNM

NEVADO DE TOLUCA 4680 MSNM

SIERRA NEGRA 4580 MSNM

LA MALINCHE 4420 MSNM

NEVADO DE COLIMA 4260 MSNM

COFRE DE PEROTE 4200 MSNM

MONTE TLALOC 4060 MSNM

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