La Selección Mexicana quedó en tercer lugar del clasificatorio a Qatar, después de perder con USA 2-0, ahora ´pierde con Canadá 2-1 con dos goles de Cyle Larin y queda en tecer lugar, Gerardo Martino no dan el ancho, no hay pretexto del frío y la nieve, su esquema no es efectivo. México solo jugó los cinco minutos de la compensación y dejó en Canadá algo más que su tranquilidad y el primer lugar del octagonal.

De entrada, el «animalazo» de Henry a Lozano alargó el inicio de las hostilidades. Dos minutos más para entrar en calor, si eso era posible. Pasaron siete y el partido siguió atascado en la nieve. Y 15, y lo mismo. Al ‘Chucky’ se le congelaba la sangre mientras el juego mutaba en una guerra de bolas de nieve. No hubo señales de vida hasta que Henry abrió un túnel entre el montón de hielo y Larin recogió la pelota al otro lado de la gruta. Ochoa embolsó el granizo. Poco después, Gallardo imitó el ejercicio y Jiménez patinó con molinetes y ribetes de Nathan Chen sobre el hielo y sus cuchillas. Solo una insinuación. Todo fue intención en los primeros 45 minutos en Edmonton. El frío petrifica las ideas y los cañones. Pregunten a Napoleón.

Lo cierto es que tampoco la cancha de pasto sintético ayudó, pero fue un partido más inspido que un poutine en Toronto. El plan inmovilista y los rezos al tótem de bisonte le resultaban al ‘Tata’ hasta que Johnston apuñaló a Orbelín con un carambáno y lo arrojó hacia la cabaña de Ochoa; el guardián alejó el rayo de Frozono, pero Larin, el ‘hombre de las nieves’, activó el chispazo en segunda oportunidad. Ochoa, Martino y Araujo quedaron como un témpano. O’Canada.

Martino rompió el 5-3-2 inaugural e inyectó a Corona y Alvarado para robustecer la línea frontal. Para poblar de tropas la tundra. Pasó, pero Herdman acomodó una manada de alces en los bosques que guardaba Borjan. Y los tótems de Saskatchewan dejaron de funcionar. Eustáquio arrojó el dulce de maple y Ochoa quedó con los pies descalzos pegados al lago de hielo. Gallardo y Vásquez tampoco acudieron al rescate. Larin se merendó la golosina. Los párvulos canadienses celebraron como osos pardos retozando en la nieve. 

El cabezazo gol de Herrera, a centro de ‘Tecatito’, la primera jugada racional de la noche, fue vacuna esperanza, pese a que el partido deshieló con el fuego. ‘Les Rouges’ entraron en pánico, más por vértigo que por diligencia futbolística del Tri. Y, en una jugada netamente concacafkiana, cayeron rayos y centellas. Y ráfagas polares. Un tiro de esquina furtivo desató el caos, Sánchez intentó anotar con el hombro y solo causó un aquelarre. Los minutos finales fueron un anárquico solo instrumental de Rush. El Tri solo cosechó drama de la embestida tragicómica. Canadá defendió con Trudeau, las guarniciones de reserva de la policía montada y la policía del parlamento de Ottawa. Al final, Guardado, Alvardo, Edson y compañía intentaron rescatar con puños y mentadas lo que no pudieron defender con la pelota en los pies. Un cierre estilo NHL, para deleite de los aficionados que coparon las gradas del Commonwealth.

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