Bárbaro Erisbel Arruebarrena Escalante es un campo corto de béisbol profesional cubano de los Pericos de Puebla y Algodoneros de Guasave de la Liga Mexicana, nació el 25 de marzo de 1990 (edad 32 años), en Cienfuegos, Cuba. Jugó incluso con los Dodgers en las grandes ligas y ha tenido que enfrentar el fallecimiento de tres bebés y enfermedades.

De Erisbel Arruebarrena dicen que hacía el equipo Cuba porque fildeaba increíblemente bien. Otros sostenían que no bastaba con su probada capacidad defensiva, porque aportaba poco a la ofensiva. Tras años de ausencia de su país, aquel joven shortstop de atrapadas espectaculares regresó convertido ahora en un pelotero maduro y se ganó, nuevamente, el derecho a integrar la selección nacional.

Criterios divididos sobre su calidad; un intento accidentado por asentarse en Grandes Ligas; una enfermedad que amenazó su carrera: muchas circunstancias adversas ha superado en su vida deportiva y personal Erisbel, heredero de la tradición beisbolera de su padre, Bárbaro, y también de un apodo singular: El Grillo.

Nuestras Series Nacionales tuvieron en él, entre 2008 y 2013, a un defensor de élite en el campocorto. Por ese tiempo, los seguidores de Cienfuegos buscaban un asiento en el Estadio 5 de Septiembre para deleitarse con las joyas del número 11.

Así parecía que sería siempre, pero “el béisbol cubano tiene una etapa en la que uno llega a lo más alto y con la calidad que tiene siempre aspira a algo más. Quise probar y lo hice, quise dar el paso para llegar a la Major League Baseball (MLB), el sueño de cualquier pelotero”, dice Arruebarrena.

Previo al comienzo de la temporada 2013-2014, la 53 Serie Nacional de Béisbol, la prensa especializada anunciaba la nómina del conjunto sureño y en la misma no figuraba el nombre de Erisbel. Los rumores fueron confirmados: El Grillo había abandonado el país.

La odisea de El Grillo

En República Dominicana buscó un contrato ligamayorista, impresionó a scouts del Big Show, aunque ya “tenía una base de lo que había hecho con el equipo nacional y en la serie cubana, por eso no me fue difícil la estancia allí. Ya iba con una trayectoria e hice lo que tenía que hacer y firmé, dijo.

Los cambios fueron especialmente difíciles para él, porque su esposa “había perdido tres embarazos en Cuba y no sabían lo que tenía”. Esa salida del país, tan apresurada, se precipitó, además, debido al tema familiar “y eso fue lo que me motivó a dar este paso. Actualmente, tenemos dos bebés y me siento muy feliz como padre”.

Erisbel acordó un contrato de 25 millones de dólares por cinco años con los Dodgers de Los Ángeles, equipo con el cual debutó en Grandes Ligas el 23 de mayo de 2014. Pese a las expectativas que levantó su firma, entre desidias y otros deslices, no pudo explotar toda su capacidad sobre los diamantes.

Su intento de establecerse estuvo lastrado por una riña tumultuaria que protagonizó, así como sanciones por “repetidas fallas en el cumplimiento de su contrato”, según explicaron los Dodgers, lo cual marcó su rendimiento.

“Cuando llegué fue un poco difícil, tenía una lesión en el brazo. En ese momento jugué prácticamente así mismo. Tenía la cabeza un poco mala, porque tenía que salir al terreno así”, cuenta.

Entonces, durante aquellos momentos de incertidumbre,  se sucedieron las circunstancias adversas que lo colocaron cerca del fin de su vida deportiva.

“Decidí no jugar más béisbol y me impusieron otra sanción. Después, conocí que tenía diabetes, algo que ignoraba anteriormente y aquello me llevó, sin darme cuenta, al descalabro deportivo”, recuerda.

Entre la posibilidad latente de ser canjeado o liberado, y jugando en Ligas Menores, Arruebarrena vivió tiempos de malestar, añorando llegar a la competención cumbre del béisbol, algo para lo cual parecía destinado. Pero no habría una segunda oportunidad.

Cuba y el regreso

Erisbel estuvo a punto de jugar en Nicaragua, pero debido a desacuerdos con la gerencia del equipo Indios del Bóer, no se pudo concretar su presencia en esa liga. En su mente había fijado un nuevo destino.

“Realmente, mi contrato con los Dodgers terminó en 2018. Estaba esperando para regresar a Cuba y poder jugar pelota aquí. Como tenía la condición de la diabetes no pretendía esforzarme tanto”, además, “quería estar un poco más con la familia”, dice.

Entonces, llegó finalmente el momento del retorno. Para eso, comenzó un acercamiento con la Federación Cubana de Béisbol, con la intención de reintegrarse en el campeonato que lo vio despuntar.

“Llamé a Higinio (Vélez) para comunicarle mi decisión y este dio el visto bueno. Dijo que sí, que los comisionados provinciales conocían el proceder en estos casos de atletas repatriados”, dice.

Arruebarrena se convertiría en el primer exgrandesligas en regresar a la Serie Nacional y todo parecía indicar que retornaría a la Perla del Sur para representar a su provincia natal. 

“Me dirigí hacia allí, consulté con el comisionado provincial, pero no lo vi con el mayor interés de ayudarme porque primero tenía que hacer el “largo” proceso de repatriación. Decidí no jugar con mi anterior equipo y hacerlo por los Cocodrilos. En Matanzas, me ayudaron más y el proceso de repatriación no se hizo tan largo”.

Así comenzó su segunda etapa en la pelota cubana, en otra novena y provincia distintas. La posibilidad de vestir nuevamente el uniforme de los Elefantes de Cienfuegos no queda descartada del todo, pero por ahora parece una posibilidad remota.

“Me gustaría, porque es mi ciudad; de hecho, ahí está mi casa, detrás del estadio. Pero hasta que no cambien muchas cosas como la dirección del equipo y el comisionado, no pienso regresar a Cienfuegos. Nunca había jugado con Matanzas, pero me siento en familia con ellos. El pueblo, todos me tienen aprecio”.

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