Los estándares de belleza, formas de vestir, la música que escuchamos forman parte de una identidad que construimos a través de nuestro contexto social, es decir, nos formamos de acuerdo a lo que vamos recolectando del mundo que nos rodea. Parte de ello, los medios de comunicación han tenido una enorme influencia, para ser más específicos, en la mayoría de los estándares que van dirigidos hacia un género, el femenino. Cada cierto tiempo sale un nuevo complejo que adoptar para formar parte de los nuevos estándares que influyen incluso en la manera que concebimos el mundo.

Los movimientos feministas a través de una lucha que hasta hace unos años parecería inalcanzable, han logrado poco a poco deslindarnos de esta imagen “femenina” donde se nos adhieren características como la delicadeza, el ser reservadas, sentarnos de una manera adecuada y sobre todo a quedarnos calladas que suele ser acompañada de un rol de amas de casa, todo esto, resultado de un sistema patriarcal reproductor de un discurso lo suficientemente machista para hacer énfasis en que ese debería ser nuestro lugar como mujeres en la sociedad. Pese a ello, en estos últimos años nos hemos ido adentrando cada vez más en las actividades que antes fueron consideradas específicas de un género.

Tomando en cuenta que aún en muchos espacios se sigue considerando que fueron hechos para hombres, han tenido que replantearse esta idea para convertirse en apto para ambos géneros. Es así que en los deportes podemos encontrar el ejemplo claro en el cual no solo se ha visto la segregación de las mujeres sino varios obstáculos para su relevancia deportiva. No aislado a ello, en el fútbol que por mucho ha sido uno de los deportes más populares y el cuál se reporta un número considerable aficionados que han destacado por rivalidades a muerte, sigue pensándose exclusivo de hombres. De esta manera es pertinente pensar cómo funciona el mundo deportivo.

Si bien, queda claro que por su rigurosidad, el fútbol presenta altas y bajas. Ahora, imaginemos este escenario pero en lugar de jugadores hombres, jugadoras mujeres, en su mayoría jóvenes al ojo público, en una afición donde predominan los hombres, ubicándonos en un país de identidad machista donde día con día observamos los mensajes de odio que se dirigen hacia las mujeres, las cuales siendo de su consumo o no, han tratado hasta el tope de hipersexualizadas, es decir, vemos que a pesar de ser un deporte donde teóricamente se debería hablar acerca de si su trabajo como deportista es bueno o deficiente (como cualquier jugador hombre), se resalta por mucho su apariencia física.

Seguido de ello, podemos observar que las redes sociales de las jugadoras están disponibles para todo el público, por lo cual en este escenario se llegan a lucrar con su información, de manera que buscan en todos los medios disponibles como Instagram, Facebook, Tik Tok y demás para conseguir fotos de ellas que de manera evidente no se difunden bajo su consentimiento, haciéndolas virales por como lucen antes de valorar su nivel en los partidos. Inclusive, los nombres que llevan los equipos femeniles como “Las Pumitas”, “Las Diablitas”, etc. Deformando los nombres y convertirlos en diminutivo, minimizando su trabajo.

Frente a su funcionamiento, parece que el mundo se hace ciego ante estas situaciones, pues los casos son variados y las mujeres se han visto directamente afectadas por dicho problema, apareciendo en portadas con fotos que fueron tomadas en ángulos donde las jugadoras se encuentran de espaldas. De contrabando surgen imágenes donde están en traje de baño o incluso haciendo cosas de su vida cotidiana. Y como si fuera poco, en la red circulan listas con títulos como “Las futbolistas más sexys”, listas donde son ordenadas de forma numérica y clasificadas por “sus atributos”.

De este modo y por si queda duda, tomaremos el caso de una futbolista que se dio a conocer debido a que habló sobre el acoso sexual y verbal que sufrió dentro de la Liga Femenil MX.

Norma Palafox es una futbolista originaria del Estado de Sonora, actualmente delantera del Club de Fútbol Pachuca Femenil y debutando en el Club Chivas.

Como fue mencionada al inicio de su caso, Norma, decidió hablar acerca de lo harta que se sentía ante el acoso que sufrió durante la liga por parte de los aficionados, pues los gritos y la presencia de las miradas lascivas hacían incomoda su estancia durante los partidos, sin dejar de mencionar la cantidad de páginas de internet que hablaban de ella recalcando su físico, mostrando imágenes que se encontraban en las redes sociales donde se veía a la futbolista agachada amarrando sus agujetas o incluso enfocando partes de su cuerpo, a lo que ella se vio fuertemente expuesta.

Norma, tiempo después, renunció momentáneamente a ser futbolista para participar en un programa televisivo, cuyas razones ha pronunciado y debido a intereses personales.

Por otro lado, no podemos seguir ignorando las situaciones que se presentan dentro de los deportes como consecuencia de la hipersexualización de las mujeres. Es preciso evitar el seguir minimizando estos eventos que a menudo suceden, pues como este caso, existen muchísimos más, en donde no solo se encuentran deportistas, sino que también comentaristas y periodistas que se han visto afectadas. De igual importancia, se ha visto que en transmisiones en vivo son tocadas y besadas sin su consentimiento, ya sea por los espectadores o por los mismos jugadores hombres. Sin contar aún que la lógica de los medios se basa en que una mujer aparezca para ser miradas y llamar la atención del público varonil, pues muchas veces se les evita hablar en la medida de lo posible y como resultado se ve normalizado el reproducir así este sistema que priva a las mujeres de demostrar aptitudes y viéndolas meramente como un objeto a admirar.

En suma, la existencia de un pacto patriarcal, impide que sean visualizadas estas prácticas, haciéndolas como parte de lo que implica ser mujer e introducirse en un espacio que fue hecho para hombres y que de querer formar parte de ello, como consecuencia  nos vemos expuestas a sufrir todo tipo de acoso.

Por último, nos queda seguir levantando la voz ante la ineptitud que rodea este mundo deportivo, lo que nos rodea y seguir insistiendo porque nuestra identidad y género sea respetado, sea tomado en cuenta y sobre todo, a ser tratadas con dignidad.

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