Del Libro «Zurdísimo» de Arturo Santamaría Gómez, un capítulo del futbol callejero de antaño, en este caso rural

Jugué con el Internacional alrededor de siete años, de los diez a los diecisiete, al igual que mi primo Miguel, quien era un recio lateral izquierdo. Luis, flaco, elástico y valiente, quien se convirtió en un gran portero, continuó con nuestro equipo infantil dos años más antes de pasar a la reserva amateur de Los Pumas y después a las reservas profesionales donde compartió cancha con Hugo Sánchez. Parte de nuestra niñez y la adolescencia transcurrió semanal y felizmente con el Internacional del barrio de San Miguel Iztacalco, entonces un barrio con milpas, vacas, pulquerías, calles de tierra y canchas de futbol. Ahí jamás vimos un robo. Nunca oímos hablar de un asalto en sus calles o casas.

Nunca nadie nos acosó ni nos molestó. Seguro que hubo actos delictivos, pero eran cosa rara, porque ni para nosotros ni para los adultos era una preocupación. Ese barrio semirural, Don Polo y el Internacional nos hicieron respirar en confianza y crecer sin temores. El futbol ya nos había fortalecido piernas, pulmones y mentalidad para pasar a la vida adulta.

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