Nadia Elena Comăneci Conner nació en OneştiRumania,  el 12 de noviembre de 1961), cumplió 60 años. En 1976, logró lo que nadie pudo jamás: un 10/10 en un certamen olímpico. Sin embargo, la presión de su entrenador, de la familia y del gobierno de Nicoale Ceascescu la llevaron a intentar quitarse la vida. Hoy está consagrada a la enseñanza deportiva, a tareas solidarias y, fundalmentalmente, a su familia.

Nacionalizada estadounidense, fFue una de las primeras gimnastas entrenadas por Béla Károlyi.​ Deportivamente, conquistó nueve medallas olímpicas de las cuales cinco fueron de oro. Además fue la primera gimnasta que obtuvo una calificación de diez puntos (calificación perfecta) en una competición olímpica de gimnasia artística. También obtuvo cuatro medallas del Campeonato Mundial y doce del Campeonato Europeo. Al lado de la rusa Svetlana Khorkina, Nadia ostenta el título de tricampeona del concurso completo individual del Campeonato Europeo, además de ser bicampeona olímpica de barra de equilibrio.

En campeonatos nacionales, ella fue pentacampeona del concurso completo individual.2​Desde su retiro, Comăneci continuó involucrada en el deporte: ahora es miembro de algunas asociaciones y federaciones, además es fundadora de una institución filantrópica y colabora con otras instituciones similares, tanto en Rumania como en los Estados Unidos. También es colaboradora de la revista International Gymnast junto con su marido el también ex gimnasta Bart Conner.

Por sus calificaciones y logros, es considerada una de las más grandes gimnastas de todos los tiempos. Tras huir del régimen comunista de Rumania, se estableció en los Estados Unidos y se convirtió en ciudadana estadounidense. Allí tuvo a su primer y único hijo, Dylan, abrió un gimnasio y una empresa de equipamientos gimnásticos que además produce una línea de ropa.

Fue condecorada dos veces con la Orden Olímpica, la primera vez se convirtió en la atleta más joven en recibir la distinción; fue nombrada como una de las cien mujeres más importantes del siglo XX; desde 1993 forma parte del International Gymnastics Hall of Fame; fue nombrada por el líder comunista rumano Nicolae Ceauşescu «héroe del trabajo socialista«, también fue elegida, en Rumania, atleta más importante del país en una votación celebrada en 2006. En 2007, fue elegida por el público como la celebridad más confiable del país; Mundo Deportivo la eligió como la mejor atleta del siglo XX y recibió de la Academia de Récords Mundiales, el título del récord mundial en su deporte.

Durante su niñez, la personalidad extrovertida e inquietante que constantemente mostraba Nadia, hizo que sus padres buscaran con cierta urgencia alguna actividad deportiva que calmara las ansias de la pequeña rumana.

En una geografía como la de los Montes Cárpatos, lugar donde nació Nadia -más precisamente en la pequeña ciudad de Onesti-, con temperaturas que difícilmente superen los 6 grados en sus días más cálidos y con constantes lluvias, el deporte resulta una opción agradable para alejar el frío que cala hasta los huesos. En esa línea, y lejos de intuir el talentoso porvenir de la joven, sus padres decidieron finalmente inscribirla a clases de gimnasia.

A medida que el tiempo pasaba y Comaneci seguía practicando en barras paralelas, más confianza adquiría y mayor era la convicción que tenía sobre dedicar su vida a ese deporte. Una tarde, mientras jugaba con amigos, al mismo tiempo que demostraba sus habilidades, fue descubierta por el entrenador de gimnasia, también rumano, Bela Károlyi. 

Fue en ese momento, entonces, cuando Nadia comenzó el indescifrable recorrido de una atleta de élite.

Károlyi, junto a su esposa eran incansables busca-talentos, y luego de dar con Nadia, se dedicaron plenamente a pulir ese diamante que prometía brillar por encima de cualquier expectativa. Entrenaban más de tres horas, todos los días.

El debut como deportista amateur de Nadia, amparada bajo la tutela deportiva de Bela, fue en el Campeonato Juvenil Rumano, en el año 1969. Tenía sólo con siete años de edad y alcanzó el 13er lugar. Sin embargo, lejos de frustrarse, al año siguiente regresó… ¡y ganó! Entonces comenzó una carrera siempre en ascenso, ya en categorías mayores, con medallas en torneos europeos y americanos. Claro que la gran prueba de fuego estaría en Canadá.

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