En días recientes fue liberada la actualización del Instituto Australiano del Deporte (Australian Institute of Sport, AIS) respecto a su internacionalmente conocida clasificación que categoriza suplementos nutricionales según su evidencia científica, considerando efecto positivo en el rendimiento deportivo, inocuidad, seguridad de uso y legalidad de sustancias.

Este sistema de clasificación se caracteriza por ser de fácil entendimiento y muy práctico para la toma de decisiones de aquellos profesionales de la salud relacionados al deporte; ya que por medio de una categorización por letras (A, B, C, D), es sencillo ubicar las características mencionadas de la sustancia en cuestión.

Tras la actualización, algunas sustancias de uso común cayeron significativamente en grado de evidencia ocasionando sorpresa de varios usuarios, consumidores desinformados o con la tendencia de seguir indicaciones y recomendaciones brindadas de manera repetida y generalizada en pasillos de gimnasios.

Tal fue el caso de los famosos “BCAA” (aminoácidos de cadena larga), la Leucina y del “HMB” (ß-hidroxi-ß-metilbutirato), sustancias nada económicas y de uso bastante común en los gimnasios.

Es importante tomar en cuenta que esas indicaciones muchas veces provienen de personas no capacitadas en el tema con la gran posibilidad de no contar con título ni cédula profesional para la práctica de las actividades que ostentan.

Considerando que el uso de suplementos siempre estará relacionado al ingreso de una sustancia al organismo, es simple entender que cualquier decisión debe ser lo más informada posible, pero sobre todo, siempre orientada por un profesional de la salud correctamente capacitado.

No solo puede estar implícita la pérdida económica por el uso de costosas sustancias de poco o nulo efecto por moda o repetición; también existe la posibilidad de daño a la salud por efectos adversos producidos por dosificaciones inadecuadas, calidades deficientes o dudosas de los productos adquiridos.

Al realizar un balance entre costos derivados por el consumo de estas y otras sustancias de manera desinformada en comparación con los costos generados por atenciones recibidas por profesionales de la salud correctamente capacitados, es altamente probable notar que, de caer en estos comportamientos, no solo se pierde dinero, ganando riesgos innecesarios en cuanto a salud. También se incluye la pérdida del único recurso no recuperable… el tiempo.

Ante cualquier duda respecto al uso de sustancias que pueden favorecer el rendimiento siempre será crucial contar con la opinión de un nutriólogo deportivo. De esta manera, se seguirá procurando la salud, el tiempo y la inversión realizada en las sustancias recomendadas.

Por: Dr. Luis Gerardo Vázquez Villarreal

Director Médico y Ciencias Aplicadas al Deporte LFA

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