Michael Schumacher, legendario piloto de Fórmula 1, nació un 3 de enero de 1969

Lo que no le pasó en las pistas, lo sufrió al esquiar, tuvo un grave accidente el 29 de diciembre de 2013 en los Alpes franceses que le dejó en coma y al borde de la muerte. Su estado crítico y evolución en estos años es toda una incógnita, pero su amigo y actual presidente de la FIA, Jean Todt, ha asegurado que el alemán “está luchando para que el mundo lo vuelva a ver”.

con sus siete títulos mundiales superó los cinco del mítico Fangio y pasó a ser considerado el mejor piloto de todos los tiempos. En 1994 consiguió su primer título mundial con la escudería Benetton, convirtiéndose a los veinticinco años en el más joven campeón de la categoría reina del automovilismo, con dieciséis días menos que el brasileño Emerson Fittipaldi. Repitió el triunfo en 1995 y, tras pasar a Ferrari, se proclamó campeón mundial en cinco temporadas consecutivas (2000-2004).

Hijo del propietario de una pista de karts, a los cuatro años su progenitor le regaló un coche de pedales y, poco después, le acopló un pequeño y viejo motor. Michael Schumacher practicó con aquel artefacto durante un tiempo, hasta que su padre le regaló un kart de verdad, con el que a los quince años se proclamó campeón júnior de Alemania. Luego ganó otras muchas competiciones de esta categoría, como los campeonatos de Alemania y de Europa sénior en 1987.

En 1988, con un monoplaza, fue campeón de la Fórmula Koning alemana. Los éxitos (ganó 10 de 11 carreras) lo apartaron de las aulas, y se empleó en el taller mecánico del concesionario Volkswagen de su ciudad natal. Aquel mismo año compitió en la Fórmula Ford 1600, consiguiendo el segundo puesto en el Campeonato de Europa y el sexto en el del Mundo.

En 1989 ascendió a la Fórmula 3, campeonato en el que sólo fue superado por su compatriota Karl Wendlinger. Aquellos buenos resultados le sirvieron de carta de presentación para entrar en Junior Team de Mercedes, escudería a la que representó en el Campeonato del Mundo de Sport Prototipos en 1990, formando pareja precisamente con Wendlinger, a quien superó en victorias.

En 1991 debutó en la Fórmula 1, en el Gran Premio de Bélgica, con el permiso de Mercedes. Sólo disputó aquella carrera con el equipo irlandés, pues el director del aún flamante equipo Benetton, Flavio Briatore, con quien formaría un dúo excepcional, lo fichó para la escudería italiana, donde tuvo que vérselas con el tricampeón brasileño, Nelson Piquet. El alemán llegó a superar al brasileño en algunos entrenamientos, pero la falta de experiencia le pasó factura en algunas carreras, consiguiendo sólo cuatro puntos en seis Grandes Premios. Aun así, Briatore afirmó sin titubeos: «Es lo que buscaba, un joven, muy joven piloto ambicioso. Será campeón».

Luciano Benetton se había hecho cargo de la escudería automovilística en 1989. Algunos creyeron que sólo se trataba de un capricho del empresario de la moda, pero en cinco años su monoplaza nubló la magia de los coches clásicos: McLaren, Williams o Ferrari. El secreto, unos cincuenta millones de euros de presupuesto anual y doscientos empleados que trabajaban a ritmo de alta tecnología en la ciudad británica de Enstone, cerca de Oxford. Entre los técnicos destacaban Tom Walkinshaw, antiguo director de Jaguar, y el mánager del equipo, el español Joan Villadelprat.

El aterrizaje de Schumacher en Benetton frustró los planes de Mercedes, que ambicionaba un retorno triunfante al circuito. La marca de la estrella quería formar pilotos germanos. Con este objetivo había desarrollado un minucioso plan de trabajo para seleccionar a los más dotados y formarlos en todos los aspectos. Y Schumacher no debió de perder el tiempo mientras estuvo allí, como lo reflejan estas palabras de agradecimiento: «Me encantaría ser un día su primer piloto. Como alemán, si estuviera libre, me haría muy feliz unirme a ellos para trabajar en un proyecto serio con garantías de éxito».

En 1992, al conseguir su primera victoria en el circuito belga de Spa Francorchamps, donde había debutado un año antes, se perfiló ya como el probable campeón del futuro. Tenía veintitrés años; antes de él, sólo Jacky Icks y Bruce McLaren habían conseguido un éxito tan precoz. Acabó el año en tercer lugar de la clasificación general, con cincuenta y dos puntos, después de subir al podio en siete ocasiones. Sin embargo, al año siguiente aún no confirmó las expectativas, y terminó en cuarta posición de la general, con una victoria en el Gran Premio de Portugal.

Siete títulos mundiales

Al iniciarse el campeonato de 1994, Schumacher fue considerado como el único opositor capaz de batir a Ayrton Senna, apreciación que confirmó al ganar las dos primeras carreras, en São Paulo y en TI Aida. El alemán llegó a distanciarse veinte puntos del brasileño, pero el gran duelo que, según todos los indicios, ambos iban a dirimir hasta la última carrera pasó a la historia a las 14.17 horas de aquel fatídico 1 de mayo, cuando Senna, que comandaba el Gran Premio de San Marino, se estrelló contra un muro nada más tomar la curva de Tamburello. El automovilismo mundial perdía a su ídolo más carismático, y Schumacher, casi al mismo tiempo, pasaba de aspirante a heredero. La muerte de Senna le dejaba el camino expedito y consiguió ocho victorias en otros tantos Grandes Premios.

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