Por Claudia Vadillo, historiador del INAH

Arturo Santamaría Gómez, profesor retirado de la Universidad Autónoma de Sinaloa, nos cuenta su pasado futbolístico, su niñez y adolescencia a lado de sus hermanos y su padre, en un delicioso texto autobiográfico titulado, “ZURDÍSIMO”, en coautoría con su hermano Edmundo Santamaría Gómez, en el que nos revela que antes de ser militante de izquierda ya “chutaba” tremendos cañonazos con la zurda.


El libro consta de 24 relatos de anécdotas futbolísticas en los que Arturo trabaja la palabra con gran habilidad, gambetea en escenarios de jugadores y partidos de futbol, dribla con el lenguaje para construir imágenes que satisfacen y divierten al lector. Escribe con gran agilidad canchera, hasta lograr acertar un tremendo gol “allá donde las arañas tejen su nido” en la red de la portería de la cultura popular de la Ciudad de México.
Como se muestra en algunos pasajes: -“Jugar en el Parque México y en las calles de la Colonia Roma era muy divertido, pero festivamente anárquico. La única regla que contaba era el faul descarado: una mano o una zancadilla cínica, no más…Había formidables futbolistas callejeros que podían hacer dos túneles seguidos, levantar la pelota para un sombrerito y patear de aire para meterla con violencia, pero en la cancha se extraviaban.


La anarquía les sentaba bien, pero el juego reglamentado era un castigo para ellos” -“Al menos durante las vacaciones veraniegas de 1962 y 1963, día a día disputábamos fieramente tres o cuatro partidos entre las nueve de la mañana y la una de la tarde, y vespertinamente de tres a siete, solo interrumpidos por los choques con la “retadora”; es decir, el tercer o cuarto equipo que sustituía a los perdedores.


“El Pecas, quien trabajaba cargando canastas a las marchantas que compraban en el Mercado de Medellín, de la vecina Colonia Roma…Un día llegó al Parque y alguien lo invitó a jugar. Aceptó de inmediato y caminó a la cancha como si fuera Chava Reyes, el jugador estrella de las Chivas…No tenía ni la menor idea de lo que era el futbol. Todos nos reímos pero el ni se inmuto. Lo sorprendente es que a las dos semanas ya sabía pisarla y disparar con las dos piernas…Una sorpresa mayor fue cuando lo escuché hablar con entusiasmo de un libro que traía en la mano…El Pecas estaba leyendo “Cien años de soledad” el libro tan sólo tenía un mes de haberse publicado”.


“Parte de nuestra niñez y la adolescencia transcurrió semanal y felizmente con el Internacional del barrio de San Miguel Iztacalco, entonces un barrio con milpas, vacas, pulquerías, calles de tierra y canchas de futbol…Ese barrio semirural, Don Polo y el internacional nos hicieron respirar confianza y crecer sin temores. El futbol ya nos había fortalecido piernas, pulmones y mentalidad para pasar a la vida adulta.”.


“Primer tiempo: cero a cero. Segundo tiempo apretadísimo, y ya en los últimos minutos ¿Qué creen? Pues íbamos un gol a cero en nuestro favor. Luego una falta, cinco o seis metros delante de la media cancha, en contra nuestra, ¡y el pinche árbitro loco, marca penal!- no la amuele, cómo va a marcar eso si estamos rete lejos del área. No sea vendido, ¡ciego! –y que se nos ofende el muy desgraciado. Sacó y sacó tarjetas, amonestó a medio mundo y remató con: ¡Dos penales, dos penales por protestones!”


El primer triunfo de una Selección Mexicana ante Brasil, en el mismo Maracaná, el 31 de octubre de 1968, me llevó a celebrar con mis amigos de la Roma al Ángel de la Independencia. Nadie convocó, de manera espontánea dijimos: “¡Vamos al Ángel”! Fue la primera vez que los fanáticos mexicanos celebraban un triunfo futbolístico en el Monumento a la Independencia.


No sabíamos que las masas estábamos cambiando a la Patria del PRI por la Patria Futbolera”. Arturo y Edmundo Santamaría se suman con calidad y divertimento a la pléyade de narradores del futbol, como Eduardo Galeano con “El futbol a sol y sombra” (1995) y Juan Villoro, con “Balón Dividido” (2014), que dejan testimonio de lo que ha sido y significado el futbol para los jóvenes latinoamericanos: el juego de las mil caras, porque es pasión, disciplina, compañerismo, solidaridad, inteligencia, sorpresa imprevisible, y sobre todo, convoca a la alegría de vivir formando parte de un equipo, burlando a la soledad.

Por admin

Deja un comentario